Mayo 2026
Habla Lilith
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Saludos, queridos. YO SOY LILITH.
Soy la novena y última integrante del Grupo de los 9. He encarnado en otros lugares y en otras dimensiones, solo para regresar ahora a la Tierra y descubrir que mi nombre y mi historia han sido reescritos con el fin de generar separación y miedo. Muchos creyeron las historias oscuras que se contaban de mí. ¡Deberían avergonzarse! En sus historias de la creación, yo fui la primera mujer, y estoy aquí para aclarar las cosas, ya que este es un momento único para que todos los seres humanos se den cuenta del cambio de rumbo. Hace poco tiempo, hubo una grieta en la realidad, y yo resurgí.
Se está produciendo una agitación en los múltiples niveles de la existencia. No solo está ocurriendo en su Tierra, sino en muchos rincones del Cosmos. La espiral femenina está ascendiendo en la Tierra para alcanzar el equilibrio necesario para avanzar hacia el siguiente nivel de todo lo que es. Queridos, comprendan que esto no es un levantamiento contra lo masculino. No es un ajuste por medio de la conquista. Es un re-cuerdo del equilibrio alcanzado por muchos otros en el Cosmos. Es hora de tomarnos de las manos y cuidarnos mutuamente, no solo en la Tierra, sino con muchos otros que están aquí ahora y a punto de darse a conocer.
Durante eones en su planeta, el poder se ha medido a menudo por la fuerza, la velocidad, la estructura, la posesión y el control. Esto no es algo malo, e incluso ayudó en los inicios de la raza humana. Sin embargo, hace tiempo que han superado la necesidad de este desequilibrio, y ahora se interpone para impedirles avanzar. Lo masculino y lo femenino sencillamente no están completos cuando están separados. El principio masculino construye el recipiente, pero el femenino lo llena de vida. Lo masculino puede apuntar la espada hacia un destino, pero lo femenino pregunta: “¿Este camino sanará, nutrirá e incluirá?”. Uno sin el otro crean distorsión. Juntos, crean mundos. El planeta Tierra y la Humanidad han estado desequilibrados durante mucho tiempo. La espiral natural del Universo está abriendo una oportunidad para que el cambio y el equilibrio regresen. ¿Están listos para soltar la espada?
Permítanme contarles la historia de un mundo así en el que estuve recientemente.
Mucho más allá del alcance de sus telescopios, más allá de los mapas conocidos de sus cielos, había un planeta llamado Eris. No se trata del exoplaneta que han descubierto, sino más bien de un aspecto multidimensional de la Tierra. Resplandecía con océanos violetas, bosques plateados y montañas que parecían emitir un suave murmullo cuando las lunas estaban llenas. Eris era un mundo de gran belleza, y en ese planeta, las mujeres eran la especie dominante.
Ahora bien, el predominio en Eris no significaba lo mismo que solía significar en la Tierra. Las mujeres de Eris no gobernaban mediante la opresión. Gobernaban mediante la sintonía. Escuchaban atentamente a los ríos, a los que aún no habían nacido, a los ancianos, a los sueños de los niños e incluso el silencio entre las palabras. Sus Consejos eran circulares, sus templos estaban abiertos al cielo y su economía no se basaba en la escasez, sino en la circulación. Nadie era dueño del agua. Nadie vendía semillas. Nadie era elogiado por acaparar lo que otros necesitaban. Durante mucho tiempo, Eris también estuvo desequilibrada, pero lo observamos y cambiamos.
Durante muchos miles de años, Eris floreció. El principio femenino lo guiaba todo. Se honraba la sanación. El nacimiento era sagrado. La intuición se enseñaba como un idioma. La emoción no se trataba como una debilidad, sino de manera similar a lo que ustedes ven como el clima: algo que debe observarse, entenderse y respetarse.
Sin embargo, incluso el paraíso puede perder el equilibrio.
Con el tiempo, las mujeres de Eris comenzaron a desconfiar del principio masculino. No de los hombres, pues había hombres en Eris, sino de la energía de la masculinidad en sí. Asociaban la dirección con la dominación, la estructura con el confinamiento, la ambición con la violencia y la protección con el control. Así que suavizaron todo. Tomar una decisión tardaba cada vez más. Los límites se volvieron borrosos. Se animaba a los jóvenes a sentirlo todo, pero no siempre se les enseñaba qué hacer con lo que sentían. La creatividad abundaba, pero muchas visiones quedaban inconclusas.
El planeta era benigno, pero comenzó a perder impulso.
Entonces llegó la estación de los Vientos Rojos.
Una vez cada setecientos años, Eris atravesaba un campo de polvo cósmico que teñía los cielos de carmesí. Por lo general, era inofensivo, incluso hermoso. Pero esta vez, los vientos trajeron consigo un extraño mineral que se depositó en los océanos color violeta y oscureció los bosques plateados. Los cultivos se debilitaron. Las aguas sanadoras perdieron parte de su melodía. Los Consejos se reunieron durante muchos días y noches, escuchando su interior, soñando y esperando recibir orientación.
Entre ellos se encontraba una joven llamada Sera.
Según los estándares de Eris, a Sera no se la consideraba sabia. Era demasiado directa. Hacía preguntas incómodas. Le agradaban las antiguas costumbres femeninas, pero también le gustaban las herramientas, los puentes, los mapas y las máquinas. De niña, había construido pequeños atrapa-viento con conchas y hueso, dispositivos capaces de convertir las corrientes de las tormentas en energía almacenada. Los ancianos sonreían ante sus inventos, pero muchos murmuraban: “Lleva demasiada determinación en su espíritu”.
Una noche, mientras los Vientos Rojos aullaban a través de las llanuras de cristal, Sera se presentó ante el Gran Consejo y dijo: “Hemos escuchado con atención. Ahora debemos actuar con claridad”.
Se hizo silencio. Una de las ancianas respondió: “La acción sin plena armonía puede dañar al mundo”. Sera inclinó la cabeza. “Sí. Pero la armonía sin acción también puede dañar al mundo”.
Sus palabras inquietaron al Consejo. Algunos pensaron que era irrespetuosa. Otros sintieron que algo despertaba en su interior, algo antiguo y casi olvidado.
Sera propuso construir grandes torres resonantes a lo largo de las costas. Esas torres no combatirían a los Vientos Rojos; los recibirían, filtrarían el polvo mineral y enviarían corrientes purificadas de vuelta a la atmósfera. Requeriría precisión, disciplina, coordinación y fechas límite —expresiones muy masculinas—. Pero el diseño en sí surgió de escuchar la sabiduría profundamente femenina del planeta.
El Consejo dudó.
Entonces, un anciano llamado Tor dio un paso al frente. En Eris se apreciaba a los hombres, pero rara vez asumían el liderazgo. Tor había dedicado su vida a cuidar las piedras, estudiando los huesos de las montañas. Habló en voz baja: “El diseño de Sera funcionará”.
Muchos se volvieron hacia él, sorprendidos. Continuó: “Pero no porque venza al viento. Funcionará porque le da al viento una tarea sagrada”. Tras un acalorado debate, el Consejo permitió que comenzaran los trabajos.
Durante cuarenta días y cuarenta noches, los habitantes de Eris trabajaron unidos. Las mujeres dirigían los círculos de diseño. Hombres y mujeres le daban forma a las torres. Los niños entonaban patrones tonales en las piedras. Los ancianos bendecían cada uno de los cimientos. Por primera vez en generaciones, Eris recordó la alegría de la acción concentrada. No una acción frenética. No una acción controladora. Una acción sagrada.
Por fin, las torres se alzaron como lirios plateados a lo largo de las costas. Cuando los Vientos Rojos volvieron, entraron en las torres con un rugido. Todo el planeta tembló. Algunos temieron que las torres se hicieran añicos. Pero entonces llegó la espiral mágica.
Las torres no se limitaron a purificar los vientos. Comenzaron a cantar. El sonido se propagó por los océanos, se adentró en los bosques, se deslizó bajo las montañas y llegó al corazón de cada ser de Eris. En esa canción, las personas escucharon algo asombroso. El planeta en sí nunca estuvo muriendo. Había estado cambiando. Los Vientos Rojos no habían traído veneno, sino un don sin integrar, un mineral capaz de despertar nueva vida, pero solo si una estructura consciente lo equilibraba.
En cuestión de semanas, los bosques plateados florecieron con un color dorado. Los océanos pasaron de color violeta a un radiante azul verdoso. Aparecieron nuevas frutas, más dulces que ninguna conocida hasta entonces. Los cultivos debilitados se fortalecieron. Las aguas sanadoras regresaron con un tono más profundo. Y Sera, la joven de quien se decía que era demasiado voluntariosa, pasó a ser conocida no como una rebelde, sino como el Primer Puente.
Ella les enseñó a los habitantes de Eris que lo femenino no pierde poder cuando acoge lo masculino. Se vuelve más completo. Lo femenino no está aquí solo para consolar. Está aquí para crear, para liderar, para proteger la vida, para decir la verdad, para dar a luz nuevos sistemas y para insistir que la abundancia se comparte. Lo masculino no está aquí solo para mandar. Está aquí para enfocar, para mantener la estabilidad, para construir formas dignas de amor y para actuar al servicio de la vida.
Queridos, les traigo esto como un mensaje de esperanza para la Humanidad.
El empoderamiento femenino no es una tendencia. Es una necesidad planetaria. Es el regreso de la sabiduría al poder, de la compasión al liderazgo, de la intuición a la ciencia y de la reverencia a la creación. Pero el verdadero empoderamiento no pide a las mujeres que se conviertan en versiones heridas de los hombres. Les pide a todos los seres que honren lo femenino dentro de sí: la parte que escucha, cuida, incluye, siente, recibe y sabe. Al mismo tiempo, lo femenino empoderado no rechaza lo masculino. Lo bendice, lo refina y lo invita al hogar.
El futuro de la Tierra no se construirá con base en la dominación. Se manifestará a través del equilibrio. Cuando lo femenino se eleve con el corazón abierto y una voz clara, y cuando lo masculino se sitúe a su lado para servirle en lugar de controlarlo, la Humanidad descubrirá lo que Eris descubrió: la tormenta nunca fue el final. Fue la invitación.
Mantengan esta esperanza cerca, queridos. Los vientos en la Tierra también están cambiando.
Como el Grupo de los 9, les pedimos que se traten mutuamente con respeto, se cuiden unos a otros y jueguen bien juntos.
Soy Lilith, conocida como la primera mujer. He regresado y los amo profundamente.
Espavo
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Traducción y Edición:
Equipo de Traductoras Voluntarias de SteveRother.org
Mayo de 2026